Es uno de los trabajos de tapicería más agradecidos: se hace en una tarde, no requiere máquinas especiales y el cambio en la habitación es enorme. También es de los primeros que encara alguien que está arrancando en el rubro, porque no tiene la complejidad de un sillón.
Acá va lo que necesitás y el orden en que conviene hacerlo.
Materiales
La base. Un tablero de MDF o fenólico de 12 a 18 mm, cortado a la medida final. El ancho habitual es el de la cama más 4 a 10 cm de cada lado, y la altura depende de cuánto quieras que sobresalga por encima del colchón: entre 50 y 70 cm sobre el nivel del colchón es lo común.
La espuma. Planchas de espuma de 3 a 5 cm. Menos de 3 cm y el respaldo se siente duro contra la espalda; más de 5 cm complica las esquinas y encarece el trabajo sin que se note. Para un respaldo, la densidad media alcanza: no soporta peso continuo como un asiento. El criterio general está en densidades de espuma: cómo elegir la correcta.
La tela. Acá mandan el uso y el gusto:
- Cuerina — la más práctica. Se limpia con un paño húmedo, no absorbe y aguanta el roce de la cabeza contra el respaldo, que es donde más se marca cualquier tela. Es la opción más elegida para respaldos.
- Pana, chenille o tela de tapicería — más cálidas al tacto, pero se manchan y se marcan con el uso. Si vas por este lado, contá con que va a necesitar limpieza periódica.
- Corderito — para un respaldo de invierno o un dormitorio infantil.
Para el pegado. Cemento de contacto y un pincel.
Para la fijación. Engrampadora de tapicero con grampas de 8 o 10 mm. Es la única herramienta específica del trabajo.
Para la terminación. Cinta al bies si vas a rematar cantos a la vista, e hilo de atar si hacés capitoné.
Cuánta tela comprar
La cuenta que más se equivoca. La fórmula es simple pero hay que acordarse de las dos caras:
Ancho de tela = ancho del tablero + (2 × espesor de la espuma) + 10 cm de vuelta por cada lado.
Alto de tela = alto del tablero + (2 × espesor de la espuma) + 10 cm de vuelta arriba y abajo.
Para un respaldo de 160 × 60 cm con espuma de 4 cm, eso da aproximadamente 188 × 88 cm. Si la tela viene en un ancho de rollo menor que eso, vas a necesitar unir paños y conviene planificar dónde cae la costura antes de cortar.
Comprá siempre un 10% de más. Un error de corte en una tela justa arruina el trabajo entero, y el sobrante te sirve para almohadones haciendo juego.
El paso a paso
1. Cortar y pegar la espuma
Cortá la espuma exactamente del tamaño del tablero, sin margen. Se corta bien con un cuchillo largo de hoja fina o un cuchillo eléctrico; una tijera la deforma y el corte queda ondulado.
Mano fina y pareja de cemento de contacto en las dos superficies —tablero y espuma—, dejá orear hasta que la película quede mate al tacto y recién ahí unilas. Si apurás este paso y unís con el cemento húmedo, la espuma se despega a los pocos días. Está todo en la guía del cemento de contacto.
Apoyá con peso parejo unos minutos y dejalo asentar.
2. Redondear los cantos
Opcional, pero es lo que separa un respaldo prolijo de uno que parece una caja. Con un cuchillo o lija gruesa, matá apenas el canto de la espuma en los cuatro bordes. La tela apoya mucho mejor sobre un canto redondeado y no queda esa arista dura marcada.
3. Una capa de guata, si podés
No es imprescindible, pero una capa fina de guata o vellón sobre la espuma suaviza la superficie y disimula cualquier irregularidad del corte. Sin ella, la tela copia todos los defectos de la espuma.
4. Estirar y engrampar
Este es el paso que define el resultado. Apoyá el respaldo boca abajo sobre la tela extendida al revés, bien centrado.
El orden importa: arrancá por el centro de cada lado, no por las esquinas.
- Una grampa en el centro del lado superior.
- Una grampa en el centro del lado inferior, tirando firme para tensar.
- Lo mismo en los dos laterales.
- Recién ahí seguí hacia afuera desde cada centro, alternando lados opuestos para que la tensión quede pareja, con grampas cada 4 o 5 cm.
Si empezás por una punta, la tela se va corriendo y terminás con el dibujo torcido y arrugas en diagonal.
5. Las esquinas
Es lo único realmente difícil del trabajo. Dos formas:
- Plegado tipo regalo. Doblás el sobrante formando un pliegue limpio en diagonal y engrampás. Queda prolijo y es el método más rápido.
- Recortar y superponer. Sacás el exceso de tela con una tijera antes de doblar, para que la esquina no acumule volumen. Más trabajo, mejor resultado en telas gruesas como la cuerina.
En cuerina, calentá apenas la zona con un secador de pelo antes de doblar: se vuelve más dócil y el pliegue queda sin marcas.
6. Capitoné, si va
Si querés los botones hundidos, marcá las posiciones en el tablero antes de pegar la espuma y hacé los agujeros ahí. Después se pasa el hilo de atar de adelante hacia atrás con una aguja larga, se ata del lado de atrás y se tensa hasta el hundido que quieras.
Hacelos todos flojos primero y ajustá al final, parejo. Si tensás uno del todo antes de pasar el resto, la tela se desplaza y los hundidos quedan desalineados.
7. Terminación de la parte de atrás
Engrampá un paño de tela lisa o friselina cubriendo todas las grampas. No se ve nunca, pero es lo que hace que el trabajo parezca hecho por alguien del oficio. El TNT resuelve esto bien y sale poco.
Cómo fijarlo a la pared
Dos opciones, según si querés que se pueda mover:
- Colgado, con herrajes tipo cuadro en la parte de atrás. Es la más práctica y permite sacarlo para limpiar detrás.
- Apoyado sobre patas, atornilladas al tablero y sujetas entre el colchón y la pared. Queda fijo por el peso de la cama y no perforás la pared.
Los errores más comunes
- Poca vuelta de tela. Con menos de 8 o 10 cm no llegás a tensar y las grampas quedan al borde.
- Empezar a engrampar por las esquinas. Garantía de tela torcida.
- Unir el cemento todavía húmedo. La espuma se despega sola a los pocos días.
- Espuma de densidad muy baja. A los seis meses queda marcada la forma de la cabeza y no vuelve.
- Calcular la tela sin contar el espesor de la espuma. Es el error de cuenta más frecuente.
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